Mujer embarazada informándose sobre cómo dejar de fumar

Cómo dejar de fumar durante el embarazo | Guía con criterio clínico

October 17, 20247 min read

Si estás embarazada y fumas, es probable que hayas llegado hasta aquí con una mezcla de preocupación y culpa. Lo primero que conviene decir es que la culpa no ayuda a nadie, y desde luego no ayuda a dejarlo. Lo segundo, que sí se puede, que se puede en cualquier momento del embarazo y que hacerlo es una de las decisiones con más impacto que vas a tomar por tu salud y la de tu bebé.

En este artículo respondemos a las preguntas que de verdad se hace una mujer embarazada que fuma: si es seguro dejarlo ahora, si sirve de algo reducir cuando dejarlo del todo parece imposible, cómo se aborda clínicamente y qué papel tiene la medicación, que en el embarazo funciona de forma distinta al resto de los casos.

¿Es seguro dejar de fumar estando embarazada?

Es una duda más frecuente de lo que parece, y suele formularse así: si lo dejo de golpe, ¿el estrés de la abstinencia puede perjudicar al bebé? ¿No será peor el sofoco de pasarlo mal que seguir fumando poco?

La respuesta es clara: dejar de fumar es seguro en cualquier momento del embarazo, y el síndrome de abstinencia —irritabilidad, ansiedad, dificultad para concentrarse, alteraciones del sueño— es una molestia para ti, no un riesgo para el feto. El riesgo real está en el otro lado: en el monóxido de carbono y las miles de sustancias que llegan al bebé con cada cigarrillo.

Cuanto antes se deje, mayor es el beneficio, porque hay más semanas de gestación por delante. Pero dejarlo en el tercer trimestre sigue mereciendo la pena. No existe un punto del embarazo a partir del cual ya dé igual.

Por qué merece la pena

El tabaco durante la gestación se asocia a un aumento del riesgo de parto prematuro, bajo peso al nacer, desprendimiento de placenta y embarazo ectópico. Después del parto, los bebés expuestos tienen más probabilidad de sufrir infecciones respiratorias, asma y síndrome de muerte súbita del lactante.

Dicho esto, conviene leer estos datos con perspectiva. Son riesgos aumentados, no destinos. Muchas mujeres que fumaron durante parte del embarazo tienen bebés sanos, y machacarse por los cigarrillos que ya se han fumado no cambia nada. Lo que sí cambia el pronóstico es lo que hagas a partir de ahora: los beneficios empiezan en cuestión de días, con la mejora en los niveles de oxígeno que llegan al bebé.

¿Y si solo consigo reducir?

Esta es probablemente la pregunta más honesta y la que menos se responde con claridad.

Reducir el número de cigarrillos disminuye la exposición, y algo es mejor que nada. Pero conviene saber dos cosas. La primera es que no se ha identificado un nivel de consumo seguro durante el embarazo: el objetivo del que hay que partir siempre es el abandono completo. La segunda es que muchas personas que reducen acaban compensando sin darse cuenta —caladas más profundas, apurar más el cigarrillo—, con lo que la exposición real baja menos de lo que indica el número de cigarrillos.

Por eso la reducción tiene sentido como fase de un plan con fecha de abandono, no como meta final. Si ahora mismo dejarlo del todo te parece inalcanzable, no lo descartes: plantéalo como el primer paso de un proceso acompañado, no como el acuerdo al que llegas contigo misma para no tener que dejarlo.

Cuál es el tratamiento de primera elección en el embarazo

Aquí está la diferencia clínica más importante respecto a cualquier otro caso, y la que suele desconocerse.

En población general, lo que mejor funciona es combinar apoyo psicológico y tratamiento farmacológico. En el embarazo, no: la guía de práctica clínica de la Sociedad Española de Neumología y Cirugía Torácica establece que el tratamiento de primera elección en mujeres embarazadas es la terapia cognitivo-conductual, y que solo en caso de no respuesta se plantea añadir terapia sustitutiva de nicotina, empezando por chicles y después parches.

Es decir, el abordaje recomendado durante la gestación es fundamentalmente psicológico: identificar los desencadenantes, construir alternativas al cigarrillo en las situaciones que lo disparan, trabajar la ansiedad y preparar el día del abandono con acompañamiento. No es una versión reducida del tratamiento habitual: es lo que las guías indican para esta situación concreta.

¿Y la medicación?

Ninguna decisión sobre medicación durante el embarazo se toma por cuenta propia. Corresponde a tu médico o a tu matrona, valorando en tu caso el beneficio de dejar de fumar frente a los riesgos.

Con ese marco, y solo a título informativo: la terapia sustitutiva de nicotina puede considerarse cuando el abordaje psicológico no ha sido suficiente, porque aunque aporta nicotina, evita el monóxido de carbono y el resto de sustancias del humo. En cambio, la vareniclina, el bupropión y la citisina se desaconsejan durante el embarazo y la lactancia por la escasez de estudios en esta población.

Si estás usando algo por tu cuenta, o si te lo ha recomendado alguien que no es sanitario, coméntalo en tu próxima consulta.

¿Y el cigarrillo electrónico?

No es una alternativa recomendable durante el embarazo. Su seguridad en la gestación no está establecida, no está autorizado como tratamiento para dejar de fumar y mantiene el aporte de nicotina sin resolver la dependencia. Si te lo estás planteando como sustituto, es justo el tipo de decisión que conviene consultar antes con tu matrona.

El entorno importa más de lo que parece

Dos factores que suelen quedar fuera de la conversación y que pesan mucho.

Pareja hablando sobre dejar de fumar durante el embarazo

El primero es la exposición al humo ajeno. Si tu pareja o alguien con quien convives fuma, el bebé sigue expuesto aunque tú lo hayas dejado, y además convivir con alguien que fuma multiplica tu riesgo de recaída. Lo ideal es plantear el proceso en pareja; cuando eso no es posible, al menos establecer que en casa y en el coche no se fuma.

El segundo es el posparto. Una proporción muy alta de las mujeres que dejan de fumar durante el embarazo vuelve a fumar durante el primer año tras el parto, sobre todo en los meses de cansancio acumulado y falta de sueño. Es el punto más olvidado de todos: se pone toda la energía en llegar limpia al parto y ninguna en el después. Si dejarlo era por tu bebé, mantenerlo también lo es, y esa fase merece tanto acompañamiento como la primera.

Dónde pedir ayuda

Tu primera vía es la que ya tienes abierta: tu matrona y tu ginecólogo. Coméntalo en la próxima revisión aunque te dé apuro; están acostumbrados y su papel no es juzgarte. En muchas comunidades autónomas existen además programas de deshabituación tabáquica dentro del sistema público, algunos específicos para embarazadas.

En Clínica Vitaleia también atendemos a mujeres embarazadas dentro del Método Elion, con una diferencia importante respecto al programa habitual: en el embarazo el tratamiento es exclusivamente psicológico. No se aplica neuromodulación ni se plantea apoyo farmacológico, porque no son adecuados en esta situación. El trabajo se centra en sesiones individuales con psicólogos especializados en tabaquismo, acompañamiento durante el proceso y seguimiento posterior, que en este caso se extiende al periodo más delicado: los meses siguientes al parto.

Sea cual sea la vía que elijas, lo relevante es que no lo afrontes sola. El embarazo es, de hecho, el momento de la vida en que más mujeres consiguen dejarlo, y con acompañamiento las probabilidades suben de forma notable.

Fuentes consultadas


Este artículo tiene finalidad informativa y no sustituye la valoración de un profesional sanitario. Si estás embarazada y fumas, consulta con tu matrona o tu ginecólogo: cualquier decisión sobre medicación durante el embarazo debe tomarla un médico valorando tu caso concreto.


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